"Todas las teorías morales modernas deben llenar una condición fundamental. Han de abstenerse de
encadenar la actividad del individuo, aunque sea bajo el pretexto de alcanzar una finalidad tan elevada como el bien de la comunidad o de la especie"… "a medida que la ayuda mutua se convierte en
una costumbre establecida en la sociedad humana y se ejerce por así decirlo instintivamente, su misma práctica conduce al desarrollo del sentido de la justicia, inevitablemente acompañado por el
sentido de la igualdad."
"Cuando nuestros abuelos quisieron darse cuenta de lo que impulsa al hombre a obrar de un modo mejor
que otro lo consiguieron de manera muy sencilla. Un hombre marcha a través de los campos con decisión, si asomo de duda, lleva un ángel en el hombro derecho y otro en el izquierdo. El diablo le
empuja a hacer el mal, el ángel trata de contenerle".
"La idea del bien y del mal existe en la humanidad. El hombre, cualquiera que sea el grado de
desarrollo intelectual que haya alcanzado, por oscurecidas que estén sus ideas en los prejuicios y el interés personal, considera generalmente como bueno lo que es útil y lo mano lo que es
nocivo."
Lo que la humanidad mira en el hombre verdaderamente moral es su energía, es la exuberancia de la vida
que le empuja a dar su inteligencia, sus sentimientos, su actos, sin demandar nada en cambio."
(Kropotkin)
Hoy, no quiero caer en ese estado de inercia e indiferencia, que a veces nos domina, ni en las garras del
sopor, o la indolencia mental que nos convierte en simples muñecos mecanizados, sujetos a la programación de deseos banales, vacíos o estúpidos.
Romperé esa "ligazón" nociva y persistente, que nos "emboba" y nos hace individuos necios, caminando sin
reflexionar, ni siquiera imaginar nada; somos como "monigotes, espantapájaros", llevados por los hilos de la rutina, quizá, por la simple pedantería, o por el viento de las
costumbres.
Me escaparé de lo absurdo, de esa trastienda, que nos deprime, llevándonos por su rumbo, sin que opongamos
resistencia… hasta que pensamos: "basta ya, haré lo que quiera, y me liberaré de esta malsana rutina. Seré fuerte, y pondré fin a este estado estéril y árido del pensamiento; escribiré lo que sea
útil y práctico, ideas que se salgan de lo normal, y sean más concretas, no matizadas de mediocridad.
Es importante, despertar y avivar los pensamientos "anquilosado", no maleados aún, por el vendaval vulgar
de la vida; ese es mi plan, a seguir.
Cada uno siente indiscutiblemente, la necesidad de querer la transformación radical de uno mismo, y de la
sociedad, estrangulada, aherrojada por leyes, y obligaciones diarias; apercibimos que las leyes pretendidamente sociales, no hacen sino continuar de asegurar la opresión de los hombres, y a
veces, de incrementarla.
Eso que era ayer considerado, como la expresión de una moral sana, aparece a menudo hoy, como una
injusticia. La conciencia popular se rebela delante los escándalos, y los abusos del Poder. La carrera desenfrenada de las clases dirigentes hacia el enriquecimiento vergonzoso, protegidos por lo
decretos, y las leyes, opera a lo grande, por "el robo legalizado".
Todo no puede ser, sino un gran peligro para la paz de los pueblos; sin embargo, centenares de miles de
jubilados y subvencionados con sueldos miserables sufren necesidades en sus hogares. En cambio el estado se preocupa de redactar leyes e imponer una cultura, desde la infancia, que pueda serle
útil a sus propósitos políticos; mejor dicho, a su único propósito, conseguir el poder y mantenerse en él.
La Educación para la ciudadanía ¿esto que es? La
ciudadanía se aprende siendo ciudadanos, se adquiere socialmente por la pertenencia a nuestra comunidad. El pueblo no debe ser aleccionado en su forma de pensar y mucho menos es el Estado quien
debe guiarle, sino al contrario ya que el estado carece de moral y se excede en intereses.
Una Nación, que llega a tales excesos, se condena ella misma, porque arrastrada por los malos instintos ,
está en la imposibilidad material y moral de establecer la justicia, la honestidad.; eso no es más que la falsedad de los políticos, la dictadura de algunos pretenciosos, que se imaginan ser "los
salvadores de la patria", que pueden permitir una vida justa, fraternal para todos.
Estimo que para llegar a un periodo revolucionario, propio al despertar entre los pueblos, el sentido de
las realidades y la elevación moral necesaria a la creación de una sociedad más humana, debemos utilizar las faltas de los adversarios. Si los hombres viven, más o menos medianamente cómodos,
bajo las injusticias y sumisión a los poderes de los Estados, encargados de mantener su esclavitud, es, porque ellos, no han tenido jamás el coraje de hacer una verdadera revolución y fomentar un
futuro constructivo.
Hartas veces, he dejado a la mitad, una carta, de pensamientos inconclusa, para salir a pasear, y
reflexionar sobre el tema que escribía, pero la holgazanería, la dulce y venenosa holgazanería, me "agarraba", seducido por el "no hacer nada", corrompido por la facilidad del vivir, sin pensar…;
me dejaba vencer, por la mediocridad y la rutina de la vida, en que nada parece serio, y todo parece fácil, alegre y posible; y he perdido horas y horas, y días enteros, con la mente vacía,
llegando poco a poco, a reconocer francamente mi nulidad como persona, que he arrojado a un lado, lo útil y práctico, para entregarme con melancolía serena, a lo vulgar, hasta que reaccionaba
contra mi mismo, por esa cobardía de volverme mediocre, por no continuar aprendiendo, sumergiéndome en lo que me haría libre: los conocimientos.
Y así, me aparté de lo que me perjudicaba, lo que ponía trabas a mi desarrollo intelectual, y elegí el
camino justo para ser cada día mejor.
Ahora soy un hombre libre: necesitada libertad, pensar y meditar, gozar del sol y de la naturaleza; en fin,
lo que escribo, es lo que deseo. Esa es la verdadera libertad. Me alejé de la envidiosa adulación, cuando di lo mejor de mí, y me ocupaba de mi Escuela, con ciento nueve alumnos correteando.
Puede encontrar ayuda y mucha colaboración de la gente y logré salir adelante con mi proyecto.
Desde luego, que la vanidad es fuerte, incluso en los grandes; lo sé, pero, ¿Es que no hay almas dedicadas?
¿No hay también espíritus que se sienten única y puramente espíritus, y que se sienten ofendidos y manchados por esa admiración vulgar y cínica.
Lo que vale en mí, si es que vale algo, es el alma, y mis deseos nobles, sinceros. Pues bien, me dejé
llevar, por el impulso de mis ideas que se pulieron por la experiencia, que han sido el verdadero crisol que moldeó mi carácter y pensamientos.
Hasta aquí llegué hoy.
Madrid, 2/4/2001